¿La salvación del planeta? La gran ciudad (II)

Más de un mes después de lo que había prometido en el post anterior, voy con mi resumen de lectura del libro de Edward Glaeser, Triumph of the City.

También fue publicado en español, por Taurus, con el título de “El triunfo de las ciudades”

Edward Glaeser ha sido muy celebrado por un libro en verdad digno de aplauso por la cantidad y calidad de la información que brinda, así como por la generosidad y firmeza con que al mismo tiempo despliega sus puntos de vista. Porque él no está necesariamente de acuerdo con todo el mundo ni con el discurso hoy dominante sobre el asunto urbano.

Glaeser trabaja duro para desarrollar lo que la versión española resumió muy bien en su subtítulo: “Cómo nuestra gran creación nos hace más ricos, más sostenibles, más sanos y más felices”. Incluso en el orden en que se colocaron esos adjetivos revela algo de la perspectiva de Glaeser. Con números en la mano, este catedrático alega que las urbes han sido el mayor invento humano puesto que han promovido el progreso al juntar la gente talentosa y ayudarla a ser más productiva al conocerse entre sí, un aspecto que él repite varias veces a lo largo de su libro en relación con la Bangalore de hoy, la Florencia del Renacimiento, el Manhattan de siempre.

Pero tiene cuidado de advertir los matices: no olvida explicar que el célebre Silicon Valley de California es un área muy poco densa, algo que contradice su tesis de que la densidad metropolitana es un caldo de cultivo perfecto para los negocios y la creatividad. Como tampoco deja de contar su propia historia de por qué dejó Boston y Nueva York para vivir en un suburbio, una vez que se convirtió en padre de tres hijos y necesitaba más espacio, un tema que le sirve para exponer, con poderosa claridad, la razón por la cual tantos estadounidenses se están mudando a las extensas áreas suburbanas del sur de su país en desmedro de las carísimas metrópolis de la costa este.

Glaeser pone mucha atención en la relación entre costos inmobiliarios y regulaciones de construcción, y clama porque estas últimas se flexibilicen de manera que las grandes metrópolis cumplan la promesa democrática que sí están cumpliendo las ciudades más bien conservadoras del sur, paradójicamente.

Advierte, de modo muy pertinente, que la hermosa París tan rigurosamente conservada es tan cara que solo los ricos pueden vivir en ella. Menciona también que a los vecinos del Guggenheim de Bilbao que no les gustan ni el arte ni los turistas estarán aún menos contentos con el modo en que les han subido las rentas.

Glaeser, criado en el Greenwich Village de Nueva York, recuerda con cariño las ideas y las acciones de Jane Jacobs -la activista y pensadora urbana que dejó, entre otros, el influyente libro Death and Life of Great American Cities- , pero explica que el lado oscuro de preservar los barrios históricos es que eso impide el crecimiento de una ciudad y el que pueda satisfacer las necesidades de más personas. Un argumento válido, sin duda.

La opinión de Glaeser es que la ciudad densa, mixta y con rascacielos –una posición intermedia entre el evangelio de Jacobs y el empuje de los desarrollistas- es la que puede salvar el planeta, al congregar dentro de sí a las mayorías y obligarlas a consumir los recursos más eficientemente.

Una arista valiosa de El triunfo de las ciudades es el tema de qué hace a una ciudad competitiva y qué la hace decaer: cuenta con mucho acierto cómo decayeron Detroit y Buffalo, y cómo en cambio pudieron reinventarse, varias veces, Boston y Nueva York. El tema de la sustentabilidad no es el fuerte de Glaeser y no le dedica mucho espacio ni mucha data, pero su punto es digno de considerar: en vez de decirnos que volvamos a la idílica naturaleza, deberían promover que nuestras ciudades sean mejores para que nos quedemos dentro de ellas y dejemos al campo en paz, para que produzca alimentos y mantenga intactas las áreas naturales.

Algunos datos de los muchos que entrega Glaeser en Triumph of the City:

  • Nueva York creció como un puerto, luego incorporó la industria textil y el comercio, y terminó haciéndose una metrópolis global que hoy dedica el 40% de su nómina al sector financiero. Incluso dentro de la actual crisis económica sus sueldos promedio han subido 11,9%, entre 2009 y 2010. Manhattan es la zona con mejores sueldos de EEUU, seguida por Silicon Valley.
  • Menos de un tercio de los habitantes de Nueva York acuden a sus trabajos en vehículo propio, a diferencia del 86% de los habitantes del resto de Estados Unidos. Pero con lo que cuesta un muy pequeño apartamento en Nueva York, uno se puede comprar una casa grande en Houston. Nueva York, Boston y hasta Las Vegas usan mucha menos electricidad que ciudades con un considerable sprawl, como Dallas o Phoenix.
  • Boston, otra ciudad de origen portuario, pudo reinventarse varias veces y sobrevivir a varias oleadas de decadencia: hoy es un polo académico, de investigación y de biotecnología. Chicago pudo también migrar de su dependencia de la agroindustria al sector servicios e industrial. Mientras que Detroit y Buffalo no pudieron salir adelante, y han perdido al menos un tercio de la población que tenían hace pocas décadas, porque tenían unas pocas grandes y pesadas empresas en lugar de muchas pequeñas empresas más ágiles y capaces de sobrevivir a los cambios tecnológicos, y porque su población es en su mayoría poco educada, mano de obra fácilmente reemplazable por la más barata que está en Asia. En estas ciudades se ha perdido mucho dinero invirtiendo en infraestructura, en lugar de hacerlo en la educación de la gente.
  • El ingreso per cápita es casi cuatro veces mayor en países con mayoría de población urbana que en países con mayoría de población rural.
  • Por cada año de escolaridad adicional, una persona puede aspirar a 8% más de ingresos. Glaeser parece hablar aquí en términos globales, ciertamente una generalización muy gruesa para un asunto como este, por lo que me parece que hay que tomar este dato con cuidado, así como el siguiente: por cada año de escolaridad promedio adicional, una nación puede aspirar a 30% más en ingreso nacional per cápita.
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Acerca de Rafael Osío Cabrices

Autor, asesor y editor independiente especializado en temas de ciudad, cultura y sociedad. Editor en la revista El Librero de Venezuela. Autor de los libros de crónica "Salitre en el corazón: la vida cotidiana en la Cuba del siglo XXI" (Debate, 2003), "El horizonte encendido: viaje por la crisis de la democracia latinoamericana" (Debate, 2008), "La vida sigue" (Los Libros de El Nacional, 2008) y "Apuntes bajo el aguacero: cien crónicas empantanadas" (La Hoja del Norte, edición impresa, y Cognitio, edición electrónica, 2013).
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